Nos encontramos en una sociedad que nos ofrece diversas alternativas de adicción. Como personas que somos, seguramente todos hemos adoptado algún hábito que parece atraernos, aun cuando éste pueda traernos efectos secundarios indeseables. Tenemos una gran capacidad para crearnos y participar en comportamientos que nos proporcionan un placer momentáneo, para después pagar un precio emocional o físico. Muchos de nosotros no consumimos cocaina o pasta base, pero si comemos, bebimos o compramos en exceso cosas que no necesitamos, o realizamos actividades que no ayudan a nutrir nuestro cuerpo, nuestra mente, o nuestro espíritu. La adicción es el problema más generalizado de nuestra sociedad. Quienes están viviendo un proceso de adicción, experimentan un sufrimiento incalculable (junto a sus familias y cercanos).

 

En el mundo, la temática de las drogas mueve millones de dólares, tanto en su producción, elaboración y distribución y por otro lado, en programas de prevención, y rehabilitación. Al parecer se está perdiendo “la guerra contra las drogas”. Los programas convencionales de tratamiento consideran la adicción como una enfermedad crónica, por lo tanto el “enfermo” nunca se mejora, y luego de su proceso de rehabilitación, (si es que logra ser exitoso), pasa a un estado de “adicto inactivo”. Estos modelos infieren taxativamente que los adictos pierden la capacidad de elegir por causa de su adicción, e incluso se les hace asumir su incapacidad.

 

Cuando ocurren circunstancias difíciles, e incluso psicológicamente insostenibles, que nos lleva a querer aliviar rápidamente la angustia. Estos comportamientos, mediante los cuales anestesiamos transitoriamente el dolor, soledad, pena, angustia, etc., pueden convertirse en hábitos y adicciones que convierten el alivio temporal en sufrimiento duradero. Ciertos hábitos llegan a ser destructivos porque desconocemos las necesidades que los motivan. Al comprender sus causas podemos optar por tomar la decisión consciente y reemplazarlos por alternativas más sanas. Al parecer, hay algo inherente al alma humana que la conduce a la búsqueda de algo más. “Siempre y en todas partes, los seres humanos han sentido que hay algo equivocado en la sensación de sentirse aislado y no parte de algo más, algo más grande, algo mucho más profundo” Aldous Huxley.

 

El deseo de acrecentar nuestra sensación de ser es un impulso intrínseco del ser humano. Sin embargo, traspasar los diques de la mente de una manera profana, desprovista del contexto ritual, sin las personas adecuadas, propósito adecuado, incluso la dosis adecuada (iniciación chamánica). Lleva al individuo a una especie de “contra-iniciación”, ya que la persona accede a información pero de manera absolutamente desorganizada y desprovista de sentido.

 

La sustancia modifica la percepción, y las emociones, pero solo temporalmente. Cuando el efecto pasa, el descontento, malestar y ansiedad continua, y suele ser peor que antes.

 

Este terapia busca ofrecer mejores alternativas para enfrentar las tribulaciones y tristezas de la vida del adicto. Contemplanos una visión transcultural del consumo de sustancias. Y el enfoque terapéutico humanista-transpersonal para el tratamiento y acompañamiento de personas en proceso de rehabilitación.